“Cuando un artista aborda el
tema de la condición humana y social asumiéndolo desde el punto de vista del
hombre-individuo, no el del hombre-masa, el planteamiento de su obra bien puede
zafarse de esa falsa adecuación que
tasadamente conduce a un achatamiento de la fantasía creadora y a una
generalización. Es esto, lo particular y conmovedor de Irma Amato a vista de ojos. Una artista divorciada de ese
manipuleo “conformismo formal”, como tal actitud muy generalizada la ha definido el crítico y
esteta Gillo Dorfles...El mundo manejado e interpretado por Irma Amato se nutre
de una sensibilidad natural, propia de ella, y de una búsqueda hacia el campo
de la introspección”
Carlos
Maldonado Bourgoin, junio 1978
Curador del Museo
Nacional de Bellas Artes de Caracas, Venezuela
“Soledosas y recatadas, aisladas en su
imposibilidad de sosiego, éstas imágenes proponen una nueva dimensión del ser
humano. Lo hacen con los medios más austeros, casi arduos, son golpes cómplices
a la adhesión sentimental. ...ha elegido el sendero más estrecho, menos
proclive a la demagogia....A la probidad técnica se aúna una ejemplar espiritualidad
que habla, el más elocuente silencio, de las ausencias que pueblan las imágenes
de Irma Amato.”
Elba Perez, 1978
“...las paredes de Amato
(representaciones) se muestran como lo que son: invenciones visuales donde la
imaginación de la autora se ha apoderado de un elemento cotidianamente conocido
(pared) inyectándole una serie de datos que, instantáneamente, la proyectan
desde su significado original hacia otras regiones.”
Alfredo Andrés,1979
“Es la suya una labor que
elude lo anecdótico y lo convencional en materia de formas, para cristalizar
sus resultados en una dirección compositiva atenta a los contrastes y
variaciones que puede producir el uso alternado de superficies distintamente
texturadas. Es en cierto modo, una manera de sensibilizar la pantalla plástica
mediante la variación de sus elementos formales, para alcanzar una confluencia
ideal entre lo intuido y lo razonado, entre lo casual y lo provocado.”
Aldo Galli, 1982
“El crecimiento biomorfo
interviene atravesando muros, abriendo una brecha significativa a ese espacio
cerrado y racional. El color aparece lentamente y desarticula la anterior
concepción espacial, configurando una presencia protohumana, se yuxtapone e
inserta en los planos geométricos hasta movilizar sus actitudes.....Estos
paisajes, topográficamente designan el lugar el lugar desde el cual se intenta
vivir, estructurando una imagen semejante al espacio social. En este caso Irma
Amato categoriza la expresión con una claridad conceptual donde la cuidad y su
espacio circundante presentan estos señalados caracteres.”
Rosa Faccaro, 1989
“Irma
Amato recupera en la serie “Y pasan dejando rastros” un capítulo esencial de la
saga que inició en la década del setenta. Persiste la tensión dramática entre
lo tácito y lo explícito y es en la voluntaria omisión de la figura humana donde
el martirio alcanza, por trasposición poética, su máximo valor expresivo. Esta
operación conceptual, se proyecta a las formas geométricas que lancinan el
espacio y a la matización sutil, ganada grado a grado. La entonación severa,
casi monocorde, impone el clima de miserere exasperado en su contención.”
Elba Pérez, 1998
“…acompasa
sus blancos relieves con los grandes papeles en los que una fauna- a lo
Siqueiros-
parece
agazaparse para saltar sobre la mirada del contemplador. Todo apunta a que,
tras su aparente sencillez, el discurso de Amato aspira a más con coherencia y
rigor. En su producción, que imaginamos ligada a la luz y a la poesía concreta,
en este momento da un paso adelante abriendo su discurso conceptual hasta
abarcar un panorama de infinita diversidad.
Albino Dieguez Videla, 2008
“…Búsqueda
permanente del punto final, que a su vez es el origen de la partida. Pasan las
técnicas y quedan las emociones. Las
ideas no sirven si no se transmutan en imágenes, y estas las imágenes de Irma
Amato, son el resultado de una férrea voluntad de querer ser libre y
comprometida con la vida y su emoción sensible.”
César López Osornio, 2011
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